
Por Lihue Crespin:
como el chocolate, como las nubes.
Casi tanto como las tormentas de verano,
como andar descalza, como el acento francés.

Que inconcientes somos a veces cuando miramos al otro. Nuestros ojos se tornan brillosos cuando observamos a esa falsa belleza que guardan ciertas personas, dicha belleza que, usando el mismo tipo de ceguera, contemplamos lejana. Nunca nos detuvimos a pensar que tan lejana puede estar esa guapeza que el otro aparenta poseer, mucho menos a razonar si realmente esa seuda-elegancia que les atribuimos es la que realmente necesitaramos para que nuestra vida se eleve a la maxima felicidad. Quizas siga siendo otro pichon que quiere volar como tantos por ahora, pero permitanme mostrarles mi seguridad sobre el tema: no existe dicha belleza.
Que el hombre elige su forma de actuar no es novedad, mucho menos que la mayoría de las veces lo hace tapándose los oídos tampoco. Pero existen personas que intentamos ver cual es la opción mas factible y no solo quedarnos en el pensamiento egoísta de autosatisfacernos sino también compartirlo con los demás, sea cual sea el mensaje siendo este verdadero o erróneo.