miércoles, 21 de agosto de 2013

He Limpiado mi Cabeza

Caen las primeras gotas. Todavía no he entrado en trance pero de a poco comienzo a sentir como se deslizan esas mismas gotas por lo poco que queda de mi cuerpo seco. Cuando me doy vuelta, encuentro la maquina de escribir situada inquieta, esperando que mis manos le den vida propia. Es esa misma maquina, la de ayer, la de hoy y la que seguramente mañana estará ahí esperando mi intervención. De a poco comienzo a interactuar con ella a partir de mis dedos mojados que intentan de alguna forma reflejar los innumerables caminos que recorren mi mente. Se torna complicado encontrar el comienzo, son tantas las cosas que quisiera decir que como si de un embotellamiento se tratara, las mismas se colocan desordenadamente y con prisa por salir.
Caen en mi otra cantidad considerable de gotas, no me abandonan ni yo las abandono a ellas. Y en cuanto se aparece frente a mis nublados ojos la palabra "abandono" recuerdo de lo primero que quiero plasmar en mi maquina de escribir. Quiero referirme a tu alejamiento prematuro, ese que en tantas ocasiones me ha costado tener que recibir otras gotas en mi espalda, se vuelve a hacer presente en mi mente. Es que ciertas peculiaridades de nuestros días no son fáciles de escurrir con el agua, son como tierra aferrada al cuero que necesitan cesiones para poder sacarlas de encima. Incluso algunas, como si de rayones se trataran, tienen la mala intención de quedarse por siempre presentes y marcarnos a flor de piel. Yo no estoy muy cerca de que esa estela de tierra que has dejado en mi se vaya, e incluso no se si es una herida que pueda suturar. Ahora no son las gotas ajenas las que recorren mi cara sino que esta vez son hijas de mis ojos. Cuando logro recomponerme de eso, comienzo a darme cuenta que ya entre en comunicación con otro nivel y el ambiente exterior no me va a importar hasta que las gotas dejen de caer.
Siento ahora que las transparentes y puras gotas que me abrazan ya no me son extrañas. Empiezo a sentirme parte de ellas y ellas a sentirse parte de mi, como si también sintieran este dolor de igual manera que yo. Ahora arriba de mi pelo hay burbujas por todos lados.
¿Serán mis manos las culpables de todo eso?
¿Manos?
Es ahí cuando las observo y veo que no presentan ninguna alteración con respecto a días anteriores. Ni buen cuidado ni cosméticos de ayuda, eso para mi significa que en mi día no he hecho nada que me haya dejado una marca. Y acertadamente, mi día no ha tenido grandes muestras de fuegos artificiales ni dragones escupiendo fuego. Mi día ha sido igual al de ayer, infestado de monotonía absurda, que ahora coloco como la peor de las penurias pero que sin embargo sigue apareciendo porque yo mismo dejo abierta la puerta para que ingrese en mis días, quizás por estar acostumbrado, quizás por necesidad. Es aquí donde vuelvo a recordar que soy parte de estas gotas y me alegro de saber que aunque sea aquí siento un poco de libertad de elevar mi mente y plasmarlo en mi maquina de escribir.
A pasado algo de tiempo desde que las primeras gotas tocaron mis hombros y la prueba fehaciente de eso se presenta en los grandes mantos de vapor que se han despertado al rededor mio. Ahora encuentro mi cuerpo rodeado de aromas conocidos y mis dedos comienzan a marchitarse, así como mis ánimos al saber que pronto estaré alejado de estas gotas. Pero antes tengo tiempo para compartir con ellas lo bueno que me ha dejado la vida desde la ultima vez que nos hemos visto. Los amigos, esos dientes de león que parecen esfumarse con el viento cada vez mas seguido, son los que despiertan mi anhelo de contárselo a mi maquina de escribir. Me han entregado la posibilidad de soltar una mueca alegre a lo largo de la jornada y resultaría muy egoísta de mi parte no traerlo frente a mi y contárselo.


Suenan las ultimas notas de alguna obra de Amadeus en mi cabeza y parece que estoy despertando de un sueño. Comienzo a caer en cuenta de donde estoy y lastimosamente me dispongo a despedirme de ellas, las gotas que lograron devolverme un poco de paz. Nunca hubo ninguna maquina de escribir, solo han sido palabras vagamente unidas en mi cabeza que salían y se escapaban por el desagüe. Y esas gotas, reconfortantes y alentadoras, eran nada mas que el llanto de una ducha que se alegra de verme cada vez que dispongo a visitarla una y otra vez. Ahora soy nuevamente otra pieza del rompecabezas diario, que poniéndole el pecho va a tener que valerse en el mundo exterior. Pero como todos los días, no solo he quitado las impurezas de mi cuerpo sino que he limpiado mi cabeza.


No hay comentarios:

Publicar un comentario